El tiempo no me dio todo el calor que debía, pero tu llenaste su lugar.
Decidiste romper con la monotonía y los dos quisimos jugar. Una sola norma que cumplir, tan solo una que romper. Teníamos completamente prohibido enamorarnos. Por lo demás, el mundo era nuestro.
Aceptar no fue difícil, reprimir nuestras ganas nos costó un poco más.
Está claro que siempre nos gusto vivir al limite. Íbamos y veníamos. Asomarnos al precipicio fue uno de nuestros mejores pasatiempos. Como susurrarnos al oído que nos queríamos sabiendo que nunca seríamos del otro. Perdernos entre besos y caricias en noches de alcohol y adrenalina. Llamadas a las tantas buscando cosas prohibidas. Respirarnos a escasos milímetros retándonos para comprobar quien podía más. Soñarnos y no tenernos, esa fue nuestra filosofía de vida.
Pero todos saben que el amor y las normas no van de la mano. Aquel mayo sin sol dejamos que la temperatura subiera demasiado. Perdimos la cabeza y nos dejamos querer. Nos fumamos las normas y elegimos vivir. Pero el juego siguió su curso y Mayo terminó. Acabamos perdiendo los dos con tantos viajes a las estrellas entre las sabanas. Ardíamos y nos seguimos quemando poco a poco hasta que uno de los dos explotó. Nos pudo la avaricia del amor.
Aun así, la luz que trajo Junio me enseñó que los dos no jugábamos al mismo nivel.