Noches de sábado que empiezan con una cena tranquila y acaban con un cubata a medio beber en un portal que huele a fiesta.
Noches que se planean para, más tarde, romper los esquemas.
Vasos de lujo y ese vodka barato que en fiestas es como uno más en el grupo.
Vicios caros que no se pagan, se piden con una sonrisa en la cara y un poco de coqueteo.
Reencuentros inesperados, viejos amigos que han pasado al grupo de simples conocidos y desconocidos que pueden alegrarte la noche.
Llamadas perdidas y conversaciones indescifrables.
Nervios en el cuerpo, alcohol en las venas y algún que otro baile que nadie más entenderá.
Besos robados y futuros maridos que nunca más volveremos a ver.
Noches infinitas que se quedan cortas. Noches con ellas. Ellas, a secas.
Os quiero.
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