Jueves noche, San Sebastian estalla en truenos y relámpagos finalizando con un día de calor sofocante. Como si de una película dramática se tratase los rayos anuncian un apoteósico final.
La lluvia se funde con una mezcla de ganas y amargura. Que si algo empieza es porque algo ha acabado.
Que en una noche de tormenta las cosas cambian, que tan pronto como el calor del suelo desaparece, los malos pensamientos se desvanecen. La rabia se esfuma y la culpa aparece.
Porque, una vez mas, lo malo se va y lo bueno prevalece.
Que las tormentas arrasan con todo, pero el cielo siempre se calma.
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