Haciendo cálculos de todos los 'te quiero's a los que hice oídos sordos, resulta lo poco que me deje querer. Teniendo en cuenta las veces que te quise perder, se obtiene el miedo que tenía a hacerlo. Nuestros meses juntos se resumen en caricias y destrucción. Observando lo inútil que era lo convencional en nuestras vidas, simplemente nos dejamos llevar por las copas de mas y el desenfreno. ¿Para que condenarnos a la buena vida pudiendo matarnos día a día? Se consumieron los meses y con ellos se evaporaron nuestras ganas. Dejamos de intentar mantener lo inmantenible y salieron a la luz todos los arañazos y puñaladas que ocultamos los días que dedicamos a fingir lo que siempre deseamos tener. Nos desgarramos el alma con palabras sinceras y nos llegamos a odiar por el simple hecho de ser incapaces de querernos.
Vuelve a coger la botella y pasa las noches en vela.
23:23 una vez más. ¿Y qué más da si cada noche el mismo deseo ronda mi cabeza? Por ti soy capaz de pensar que hay segundas oportunidades, que los niños vienen de París mecidos por una cigüeña con sombrero o que al morir el alma sube al cielo. Por ti me trago eso de que los gatos negros, las escaleras y los espejos rotos nublan mi suerte, o que si una puerta se cierra siempre hay otra dispuesta a abrirse. Por ti me creo que existe el destino y que el futuro pone siempre a cada uno en su lugar. Por ti esos mitos que cuentan que los hombres nunca lloran y que el dinero no da la felicidad no parecen tan lejanos. Por ti, y solo por ti, creeré que la paz en el mundo llegará algún día. Y es que por ti lanzaré monedas a todas las fuentes que visite. Por ti soplare las velas. Pero, por favor, no me hagas creer que si quiero, puedo. No me hagas creer que me quieres. Cuando los dos sabemos que nunca será así.
Siempre había pensado que el secreto estaba en evadirse y volver a ese mundo de incoherencia reprimida. En pasar de todos y de todo. En irse sin decir adiós. Soñaba con futuros borrosos y lugares lejanos. Vidas desconocidas y sonrisas distintas. Esos pensamientos infantiles e inocentes que se desmoronan cuando chocan contra la realidad. En ese momento me di cuenta de que lo único que tenía eran palabras valientes y temores eternos. Todo parece muy fácil cuando no lo tienes delante. Pero cuando un 'te quiero' bien dicho se estampa contra tu frente, entonces, y solo entonces, te acojonas. Te bloqueas, tiemblas y, a veces, hasta lo evitas. Deseaba algo que tenía delante y no lo vi, o, simplemente, no quise verlo. Admito que eso de hacerme la dura se me fue un poco de las manos. Siempre se ha dicho que a base de hostias se aprende en la vida, pero hay algunas que no escarmentamos. Eso sí, después de varios intentos fallidos, alguna que otra lagrima e infinitos 'te quiero's, aquí estoy. Porque, al fin y al cabo y aunque todavía no sea capaz de decirlo en voz alta, fui, soy y seré tuya. Siempre.
Jueves noche, San Sebastian estalla en truenos y relámpagos finalizando con un día de calor sofocante. Como si de una película dramática se tratase los rayos anuncian un apoteósico final. La lluvia se funde con una mezcla de ganas y amargura. Que si algo empieza es porque algo ha acabado. Que en una noche de tormenta las cosas cambian, que tan pronto como el calor del suelo desaparece, los malos pensamientos se desvanecen. La rabia se esfuma y la culpa aparece. Porque, una vez mas, lo malo se va y lo bueno prevalece.
Que las tormentas arrasan con todo, pero el cielo siempre se calma.